Deseamos
comentar sobre una de las principales razones por la cual muchas
de las iniciativas de gestión de capital humano
van perdiendo efectividad en el tiempo, e inclusive fracasan y
tienen que volver a iniciar: La mala gestión del Inventario
Organizacional.
¿Qué es el Inventario
Organizacional?
En su definición más simple, el Inventario Organizacional
representa la identificación y codificación clara
y completa de todas las unidades organizativas (equipos
de trabajo formales), de todos los puestos funcionales específicos y
de la estructura organizacional (organigramas) que amarra
jerárquicamente a todos estos puestos dentro de las mencionadas
unidades organizativas. Asimismo – y probablemente lo más
importante – implica la asignación exacta de cada una de las
personas de la empresa a un puesto funcional específico.
En sí, el Inventario Organizacional se materializa como
una serie de listados, catálogos y diagramas, normalmente
administrados mediante bases de datos, a los cuales se les debe
dar un constante mantenimiento, a manera de contar en
todo momento con un reflejo exacto del mapa y la población
de la empresa.
El Inventario Organizacional es el
punto de partida obligatorio antes de embarcarse en cualquier
iniciativa relacionada con la gestión de las compensaciones, la gestión del desempeño
y la gestión de competencias. Es precisamente sobre el Inventario
Organizacional que se construyen estos sistemas.
Cómo Construir el Inventario
Organizacional
Probablemente lo más importante
al construir el Inventario Organizacional, es entender que tenemos
que enfocarnos en puestos
funcionales específicos . Un puesto funcional específico
puede entenderse como el punto intermedio entre la plaza y el puesto
funcional. Por ejemplo, en una empresa de almacenes por departamento
puede existir el puesto Cajero de Sala y el Cajero
Principal de Sucursal . El Cajero de Sala se encarga de los
cobros directamente a quienes compran los artículos del
almacén, mientras que el Cajero Principal de Sucursal se
ocupa de atender clientes que llegan a realizar abonos a cuentas,
certificados de regalo, etc. Si bien, ambos puestos son similares
(forman parte de un mismo puesto tipo denominado Cajero ),
funcionalmente son distintos pues sus actividades detalladas varían.
En este sentido, el Cajero de Sala y el Cajero Principal de Sucursal
son ambos puestos funcionales .
Para entender cuál sería
entonces un puesto funcional específico,
veamos que pueden existir varias sucursales en la empresa del ejemplo,
por lo que existirá un Cajero de Sala Sucursal A y
un Cajero de Sala Sucursal B, ambos puestos funcionales
específicos. En este sentido, aun no estamos llegando a
la unidad más detallada, es decir, la plaza, pues
podemos tener 5 Cajeros de Sala Sucursal A, o bien, 5 plazas para
dicho puesto funcional específico.
La importancia de manejar puestos
funcionales específicos
radica en que esa es la única forma de poder construir organigramas
en donde cada jefe obligatoriamente estará representado
por un cuadro distinto en el organigrama, abriendo el terreno,
por ejemplo, para la implementación de iniciativas mecanizadas
de evaluación de competencias, en donde es indispensable
tener claramente identificadas las relaciones jefe – colaborador.
Una vez se han identificado todos
los puestos funcionales específicos,
las relaciones de mando y las personas que ocupan cada uno de dichos
puestos, es posible convertir esto en organigramas
oficiales, que
además de clarificar la estructura organizativa, permiten
fácilmente visualizar la cantidad de personas laborando
en cada equipo de trabajo.
En el ejemplo de organigrama, se puede
observar parcialmente cómo
se estructuraría éste para la empresa de almacenes
por departamento que hemos utilizado de ejemplo. Observe que no
se ha definido un solo cuadro para el puesto Gerente de Sucursal ,
sino que se han identificado por separado cara uno de los gerentes.
Esto da pie a que se pueda contar con un diagrama que, de manera
rápida, permite visualizar la estructura y cantidad de personas
de cada sucursal.
Por otra parte está el tema de la codificación.
Si bien en esto no existe un estándar, tome en cuenta las
siguientes recomendaciones:
- Cada puesto funcional específico debe tener
asignado un número único, ya sea que se establezca
un número común basado en el puesto funcional y se
adicione alguna letra para distinguir ubicación geográfica
como en el ejemplo.
- A parte de tratar de identificar
una ubicación
geográfica dentro del código (la “S” de sur en el
ejemplo), no es recomendable tratar de asociar el código
de un puesto a ningún otro elemento (nombre de la unidad,
nombre del puesto, nivel de clasificación, etc.) pues todos
estos parámetros estarán sujetos de cambio y ello
complica el manejo de los códigos.
- Para la codificación de unidades organizativas,
cualquier esquema en “cascada” es válido, tal como lo demuestra
el ejemplo. Es importante evitar el uso de la codificación
emanada de los centros de costos, pues ésta rara vez se
basa en una lógica organizativa.
Será ideal administrar toda la información resultante
del inventario organizacional en una base de datos que permita
actualizarlo de manera fácil, pues los cambios en este caso
suelen ser frecuentes. Lo ideal es lograr que las nóminas
estén amarradas al inventario, pues ello contribuye en gran
medida a la vigencia del mismo.
Efectos de una Gestión
Deficiente del Inventario Organizacional
Una mala administración del Inventario Organizacional tiene
un efecto negativo principalmente en tres componentes: la gestión
de las compensaciones, la gestión de las competencias y
la gestión del desempeño.
En lo que se refiere a la gestión
de las compensaciones,
está claro que lo primero que se requiere es una valoración
de puestos en base a sus requerimientos y responsabilidades. Para
ello tenemos que contar con una identificación clara de
los puestos, antes de proceder a valorar dichos requerimientos
y responsabilidades. En este sentido, normalmente basta con la
identificación de puestos funcionales, pues rara vez existen
diferencias de valor a nivel de puestos funcionales específicos.
Lo que sucede es que normalmente se
da un mantenimiento inadecuado al Inventario Organizacional,
y luego de un tiempo, las personas ya no están ocupando los puestos funcionales que tenían
al momento de definir su salario. Por ejemplo, puede darse el caso
que el puesto Cajero de Sucursal no tenga la misma valoración
que el puesto Cajero Principal, debido al nivel de especialización
requerido. Si arbitrariamente trasladamos personas entre esos puestos,
que a simple vista podrían parecer “equivalentes”, estaremos
afectando negativamente el sistema de compensación.
En lo concerniente a la gestión
de competencias,
el problema se presenta primordialmente en las competencias técnicas.
Una mala gestión del Inventario Organizacional limita la
identificación exacta de las competencias técnicas
aplicables a un puesto funcional. Es decir, no es lo mismo establecer
un perfil de competencias técnicas para el puesto tipo Vendedor
de Sala, que definir por separado las competencias técnicas
de Vendedor Hogar y Vendedor Línea Cómputo.
Es necesario tener claramente identificados los puestos funcionales,
y a partir de ello, las competencias técnicas requeridas.
Al igual que para el caso de la gestión de compensaciones,
en las competencias técnicas suele ser suficiente el mantener
un buen Inventario Organizacional hasta nivel de puestos funcionales,
no obstante, si se desea implementar algún sistema informático
de evaluación de competencias técnicas, es necesario
llegar hasta puestos funcionales específicos.
Para la gestión
del desempeño,
un mal manejo del Inventario Organizacional complica la identificación
de quiénes participan en cada equipo de trabajo al momento
de calificar KPIs, al mismo tiempo que dificulta el establecimiento
de estándares de desempeño para puestos operativos.
Por ejemplo, es posible que para el puesto funcional Vendedor
de Línea Cómputo se defina un estándar
de ventas y uno de servicio post-venta, pues tiene que asesorar
a los clientes en la instalación del equipo, mientras que
para el puesto funcional Vendedor Hogar, sólo
se necesite un estándar de ventas, pues no ofrece servicios
post-venta relevantes.
Conclusiones
Es evidente que el Inventario Organizacional
es una herramienta que nos obliga a ser muy disciplinados y ordenados
en cuanto a la estructura específica de nuestra organización.
Lo que sucede es que muchas veces creemos que su utilidad se limita
a poder imprimir organigramas cuando alguien nos lo solicita. La
realidad es que una buena gestión de capital humano no puede
existir sin contar primero con una buena gestión del Inventario
Organizacional.
Ing.
Juan Fernando Varela
Gerente General
DESISA Consultores

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